25 feb 2009

EL TÚNEL DEL TIEMPO

Ya pasó el invierno. “Ya podemos jugar a la pelota” –dijo Pedro a sus amigos del barrio-. “Voy a cogerla”. Subió a su casa, se cambió los pantalones, se enfundó una camiseta con un nueve detrás y unas botas de fútbol que le quedaban pequeñas. Bajó las escaleras y al salir del túnel sintió un escalofrío por la espalda al escuchar el rugido de más de cuarenta mil espectadores al verlo pisar lo verde.

MUCHAS LÁGRIMAS Y UNA RISA


“Ya pasó el invierno” – espetaba el abuelo cada año con los primeros calores, y continuaba – “ya me puedo morir”. Pero nunca lo hacía. Era cabezota y obstinado. Murió el tres de noviembre de un año frío como pocos. Él pensaba que nadie lloraría en su funeral y nosotros reíamos al escucharlo. Desconocíamos que en su testamento había dispuesto que quería ser incinerado sin comitiva, sin testigos. Al principio nos enfadamos con él. ¡Qué tontería enfadarse con alguien que ya no existe! A los tres días nos reunieron en la notaría para el reparto de la herencia. El único que no lloró fue el notario. Había cobrado su minuta por adelantado.