Ya pasó el invierno. “Ya podemos jugar a la pelota” –dijo Pedro a sus amigos del barrio-. “Voy a cogerla”. Subió a su casa, se cambió los pantalones, se enfundó una camiseta con un nueve detrás y unas botas de fútbol que le quedaban pequeñas. Bajó las escaleras y al salir del túnel sintió un escalofrío por la espalda al escuchar el rugido de más de cuarenta mil espectadores al verlo pisar lo verde.
Limones y pezones
Hace 4 años
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