13/04/2011

En Primavera

Nos ponemos a pensar en dónde han quedado los momentos de paz, de alegría, de sonrisas ligeras llevadas por el aire. Hoy, aunque ya entró la primavera, no brilla el sol como antes. Todo es más ceniciento y está despoblado. La música está envuelta en ruidosos sinsentidos. Cada palabra tiene otro significado, menos profundo, más incómodo. Y, aún así, intuyo que la poesía volverá, que las risas inundarán la ciudad turbia y el frío desaparecerá como engullido por las caricias de los amantes. Estamos en primavera, estamos vivos, estamos.

07/06/2009

El mejor amigo de la mujer

Mi marido quiere mucho al perro. Siempre lo dice. Alguna vez me he preguntado si lo quiere más que a mí. Qué tontería, ¿no? Pues no puedo evitar pensarlo. ¿Por qué, si no, es capaz de bajarlo a las doce de la noche y a mí no me saca ni a merendar?
Así que un día me dije: esto se acabó. No aguanto ni un día más. Y me cambié por el perro. No me pregunten cómo pude hacerlo, porque ni yo misma lo sé. Lo que sí puedo asegurar es que bendita la hora en que lo hice.
A la mañana siguiente, después de ducharse y afeitarse, mi marido me bajó a dar un paseo. Me acarició con ternura, me sobó como a un peluche y, lo más emocionante, me sonrió con una ternura que ya había dejado de reconocer en sus ojos. Yo movía la cola sin querer, de puro gusto, y aunque no podía sonreír porque era un chucho, me sentí feliz. Al despedirse, me besó en la cabeza y me zarandeó cogiéndome por las patas delanteras. ¡Pedazo de cabrón! ¿Por qué no hace eso conmigo todos los días? Después de despedirse de mí (del perro), me dijo (a su esposa): no te olvides de echar gasolina al coche, ¡lo tienes seco!, ¡y mírale el agua! El perro, o sea, yo en ese trance, ni se inmutó. Y sólo cuando le preguntó: ¿te has enterado?, respondió ladeando la cabeza, como hacen los perros cuando quieren decir: ¿qué pasa? Recuerdo que aquel día cagué y meé por toda la casa. Me subí al sofá donde se traga media docena de partidos a la semana. Le llené de pelos la ropa que siempre deja sin colgar y, de postre, me merendé los bombones, su plato favorito.
Desde entonces soy una mujer más feliz, y no porque él haya cambiado en absoluto; no se dio ni cuenta de aquel prodigioso cambio. Sigue igual que antes, hecho un imbécil. Pero yo no, ahora soy otra, estoy más cerca de la mujer que siempre quise ser. Ahora sé lo que quiero. Aunque, a decir la verdad, me hubiese gustado ver la cara que puso cuando encontró mi armario vacío y la nota en el frigorífico.

05/06/2009

Batallas

¡Es curiosa la vida!. Cuando crees que todo está mal, que todo se ha vuelto del revés para ti, aparece alguien, desordena tu armario interior y te deja la tarea de organizarlo de nuevo. Pero no siempre esta tarea es incómoda, ¡qué va! A veces es toda una revolución, con armas y todo, con enemigos de verdad, con escudos y emboscadas, con sangre y con lágrimas. Eso me pasó con ella.

23/05/2009

ORIGEN

Y entonces, bajamos de los árboles. Recorrimos sabanas y llanuras en busca de nuevos alimentos. Y nos erguimos curiosos y temerosos para divisar el desconocido horizonte. Y nos multiplicamos hasta salir de la africana cuna. Y logramos el inexplicable prodigio del fuego mientras nuestros colmillos y molares se ensanchaban siglo a siglo, milenio a milenio. Y llegamos a los confines del planeta en busca de la nada, haciendo camino, el arduo camino de la supervivencia. Y nuestro cuerpo creció, también nuestra mente, hasta convertirnos en otro ser, ahora iluminado por la alimenticia luz de la sabiduría. Y nos hicimos humanos, tanto que empezamos a enterrar a nuestros muertos y a implorar a dioses que no existían. Y mezclamos nuestra sangre, esa que es del color con que pintábamos siluetas de animales en las cuevas. Y nos hicimos sociables, inventamos la tribu, el clan, la familia. Y descubrimos el milagro de arrancar de la tierra el alimento. Y nos sorprendieron unas inmaculadas gotas que después, mucho después bautizamos como lágrimas. Y domesticamos a las bestias a nuestro antojo. Y creamos el arte, con precisas pinturas y hoscas esculturas, como si nos hincháramos por dentro para dominar el planeta y a todos sus hijos. Y aprendimos a comunicarnos, torpes al principio, pero con efectividad. Y dimos forma al metal para hacer las herramientas que nos ayudarían a levantar un imperio, el vasto imperio de la Humanidad. Y descubrimos el amor, los besos, las caricias, la amistad y el odio. Y declaramos la guerra a enemigos sin saber exactamente por qué lo eran. Y construimos la primera ciudad, y la segunda, y la tercera. Y nos dividimos en razas para maquillar el planeta con más colores todavía. Y, cierto día, creamos un país, sin darnos apenas cuenta, al borde más fértil del río del destino. Y decidimos trazar fronteras donde antes sólo había pasto y tierra. Y así, lentamente, y ante la atónita mirada de la hermana Luna, surgió el primer imperio, bajo el mando del primer rey. Y sembramos la tierra de pueblos y ciudades, de hombres blancos, negros y de todos los colores. Y creamos un ejercito. Y dibujamos en la tierra los símbolos que, siglos más tarde, darían lugar a la escritura, altísimo don. Y nos defendimos del frío con pieles y del calor con sombras. Y apareció el miedo al hombre, la venganza y la traición. Y nacieron profetas, visionarios y conspiradores. Y, montados en el indómito corcel de los sueños, aprendimos a crear jardines artificiales desde los que observar el firmamento. Y nos sorprendimos del vertiginoso baile de la tierra. Y nos emocionamos con la inasible música que nos comunica con el yo que llevamos dentro. Y levantamos sólidos templos e inexpugnables fortalezas que hoy yacen horadadas entre las cálidas arenas de la nostalgia. Y corrimos como enajenados, volamos más rápido que el viento y rasgamos los océanos con las naves que nos regalarían paraísos que ya no existen. Y subimos a todas las montañas de la tierra, excepto al Olimpo. Y amamantamos a niños que abrían sus curiosos ojos a la claridad confusa de los lejanos astros. Y pagamos con oro y plata lo que no se puede comprar. Y después llegó la miseria y la opulencia de la mano. Y las religiones y las naciones se declararon la guerra, pero todos la perdieron. Y nos introdujimos en el minúsculo confín de la materia mientras mirábamos a las estrellas en busca de respuestas que aún no han llegado. Y así, huyendo de las tinieblas del pasado, nos hemos convertido en los portadores del gran misterio, el de la esencia humana. Y ahora deberíamos averiguar para qué bajamos de los árboles y por qué han tenido que quedar tantos en el camino. Y hoy tenemos que preguntarnos si durante el último millón de años no podríamos haber hecho otra cosa, si no podríamos haber crecido sin devorarnos, haber evitado herir de muerte el arte, la poesía, la música y haber perdido la dignidad de ser los hijos de la inteligencia.

24/02/2009

EL TÚNEL DEL TIEMPO

Ya pasó el invierno. “Ya podemos jugar a la pelota” –dijo Pedro a sus amigos del barrio-. “Voy a cogerla”. Subió a su casa, se cambió los pantalones, se enfundó una camiseta con un nueve detrás y unas botas de fútbol que le quedaban pequeñas. Bajó las escaleras y al salir del túnel sintió un escalofrío por la espalda al escuchar el rugido de más de cuarenta mil espectadores al verlo pisar lo verde.

MUCHAS LÁGRIMAS Y UNA RISA


“Ya pasó el invierno” – espetaba el abuelo cada año con los primeros calores, y continuaba – “ya me puedo morir”. Pero nunca lo hacía. Era cabezota y obstinado. Murió el tres de noviembre de un año frío como pocos. Él pensaba que nadie lloraría en su funeral y nosotros reíamos al escucharlo. Desconocíamos que en su testamento había dispuesto que quería ser incinerado sin comitiva, sin testigos. Al principio nos enfadamos con él. ¡Qué tontería enfadarse con alguien que ya no existe! A los tres días nos reunieron en la notaría para el reparto de la herencia. El único que no lloró fue el notario. Había cobrado su minuta por adelantado.

03/12/2008

LOS RELOJES


Voy con retraso, como siempre –pensaba en el metro camino del trabajo-. Todo en su vida, según él, había sucedido con retraso. Acabó tarde la carrera, se echó novia con veinticinco, hizo el servicio militar tras varias prórrogas por estudios, se compró la primera casa con cerca de cuarenta y tuvo un hijo dos años después. Se divorció, con retraso, a los cincuenta y uno, y todos los meses pasaba la pensión con retraso. Cuando llegó a la estación de destino comprobó, como todos los días, que no olvidaba en el asiento el maletín, las gafas o el periódico. Al bajar del vagón se tocó la muñeca izquierda y comprobó que, con las prisas, había olvidado ponerse el reloj.

04/11/2008

Los dioses

Ahora no hay dios más poderoso que el tiempo. Él nos envuelve, nos transforma, nos engrandece o empequeñece como si fuésemos tosca y blanda arcilla. Los antiguos dioses, inasibles, se retuercen en sus tumbas enfurecidos, presintiendo el vacío que, poco a poco y sin darnos cuenta, se ha instalado en la memoria infame de los hombres.
Hubo tiempos en los que dominó la belleza, pero sólo para unos pocos; y tiempos en los que la bondad y la justicia eran preciadas piezas para el cazador de sueños. Los dioses nos protegían sonrientes y satisfechos mientras el oscuro manto de la realidad enarbolaba sus afiladas armas para distraer a los habitantes de los olimpos, de las fortalezas de piedra y de las humanas.
Para nosotros, acostumbrados al rumor geológico, a la inaccesible grandeza de los océanos, a la equilibrada danza de los animales, al musical silencio de los bosques, a la insondable belleza de un cuadro, al sorprendente desenlace de una historia, al olor de la primavera, a la lluvia milagrosa, a los ojos de Venus, al calor de las hogueras, al sabor de exóticos manjares, a la soledad y a la noche, todo está acabado.
Los otrora gruesos muros de la verdad han sucumbido a la más mediocre de las mentiras. Las religiones se han aliado con el poder y el dinero. Los que dirigen las riendas del carro de Gea señalan con una mano para un lado y tiran con la otra hacia el desierto de la injusticia y el deshonor.
Así pasamos por el tiempo de puntillas, escondidos de nosotros mismos, taponando las estrechas bocas de las cuevas donde los ancianos dioses se retuercen en sus tumbas.
Así arden los bosques, hierven los mares y se deshacen los viejos libros en los anaqueles de la historia. Así malvivimos, unos ciegos, otros casi, envueltos en el insoportable odor de la necedad, el amargo sabor de la derrota y el repugnante aspecto de la miseria.
Pero, de vez en cuando, surge el espejismo y sonreímos al observar el atareado enredo de un niño en su juego imposible. Lloramos como si estuviésemos vivos de verdad, nos tiramos contra las olas del deseo y salimos reforzados de los sueños engañados por los inadvertidos duendes del olvido.
Aun así, nos empeñamos en buscar la felicidad entre los renglones de los cuentos, pensando que los aciagos días pasarán y despertaremos enteros y renovados con la tenue y reconfortante luz de los atardeceres marinos.
Tal vez las palabras no sean más que el polvo que el dios del tiempo va cambiando de lugar conforme giran las estrellas sobre nuestras cabezas y puede ser que algún día sintamos como la tierra tiembla bajo nuestros pies y suspiremos aliviados. Pero, en realidad no deberíamos confiarnos. Seguramente será que los antiguos dioses siguen retorciéndose en sus tumbas mientras los hombres perdemos la vista poco a poco.
agosto de 2004

01/11/2008

La playa y el César

Relato corto que escribí en 2003

31/10/2008

¿Paz?

30/10/2008

Buenos Cuadros


De Gustav Klimt. El beso

29/10/2008

El poder

El poder verdadero es la belleza. Otra cosa es la violencia, la manipulación, la mentira, el abuso, el miedo...La belleza y la esperanza van siempre de la mano.

reflexión